ESTAMBUL- ENERO 2026
Estambul nos recibe con un cielo nublado, presagio de que los cuatro días que pasaríamos en esta magnífica ciudad no serían los más propicios para hacer turismo… y menos aún para practicar la fotografía, que además de mi profesión, es mi pasión.
Viajar aquí en enero tiene sus inconvenientes: el frío y la lluvia, como pudimos comprobar desde nuestro primer día. Pero esa misma temporada baja nos permitió disfrutar de la ciudad sin agobios: no hubo colas en los monumentos ni necesidad de suplicar una mesa en los restaurantes, como suele ocurrir en temporada alta.
Alojarnos en el barrio de Sultanahmet resultó una decisión práctica y acertada. Allí se concentran la Mezquita Azul, Santa Sofía, el Hipódromo Romano, la Cisterna Basílica, el Palacio de Topkapi y el Museo Arqueológico, todos accesibles a pie en pocos minutos.
A la mañana siguiente de nuestra llegada, participamos en un free tour organizado por una conocida empresa internacional, presente en muchas ciudades del mundo. La experiencia fue positiva: nuestra guía, acompañándonos a nosotros y a unas veinticinco personas más, no solo situó los monumentos en su contexto histórico, sino que también nos advirtió sobre la escandalosa subida de precios de la entrada a los mismos en los últimos años. Decidimos, entonces, visitar únicamente los lugares que realmente nos interesaban.
El mal tiempo nos obligó a refugiarnos más de lo que habríamos querido en el Gran Bazar y en el Bazar de las Especias. Aunque son visitas obligadas, no dejan de ser espacios con centenares de tiendas que venden productos muy similares, con precios orientados al turismo. Mientras caminaba por sus pasillos, me imaginaba cómo debe ser hacerlo en temporada alta, entre hordas de visitantes regateando y comparando precios en cada puesto.
En definitiva, Estambul sigue sorprendiendo y fascinando a viajeros y turistas desde hace siglos.
Quizá sea por su mezcla entre Oriente y Occidente con sus tres nombres históricos —Bizancio, Constantinopla y Estambul—.
Quizá sea por la historia que atesora, por su ubicación estratégica, cruce de caminos entre continentes.
Quizá sea por la curiosidad de descubrir las costumbres de quienes la habitan mientras se pasea por sus calles.
Quizá sea por su gastronomía o por el maravilloso recorrido por el Bósforo.
Será por todo ello y mucho más, supongo
F. Pérez